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Profe, los otros niños me dicen mariquita: Bullying o acoso homofóbico escolar y juvenil. Experiencia y estrategias en España

Por Lily Shangay
Magisterio
01/10/2015 - 10:30
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Tomado de Revista Internacional Magisterio virtual - Henry González, ilustrador

El presente artículo analiza el problema del bullying o acoso homofóbico escolar y juvenil y las estrategias para combatirlo. Específicamente las desarrolladas en los últimos años en España, centrándose en los testimonios personales de profesoras y profesores abiertamente homosexuales y también heterosexuales, permitiendo conocer las acciones y estrategias ante casos concretos en las aulas.

Palabras clave: Bullying homofóbico, acoso homofóbico escolar y juvenil, homofobia, España, escuela.

Una de las primeras formas de violencia homófoba que los homosexuales experimentamos es el acoso homofóbico escolar y juvenil. También es una de las más virulentas porque ocurren durante la tierna fase de formación del ser humano, cuando aún no tenemos herramientas de defensa, cuando el heteropatriarcado nos detecta como “desviaciones” de sus planes segregadores entre mujeres serviles y hombres guerreros. Y es que en el fondo de toda homofobia se esconde el machismo. Y el sistema es implacable con las amenazas a su modelo económico sustentado sobre los roles asignados a mujeres (generadoras de mano de obra y de gran parte del PIB sin remunerar) y hombres (beneficiarios de la gestión del modelo y responsables de fecundar a las mujeres). Al igual que las mujeres rebeldes (feministas), los homosexuales hombres son vistos como la peor amenaza al no aceptar su papel en la cadena sustentada sobre la familia engendradora y núcleo primario de control tribal.

Pero no hace falta un profundo conocimiento de la etiología de la homofobia para saber que la respuesta al acoso homofóbico escolar y juvenil es urgente. Basta con ver las últimas estadísticas de casos de suicidio infantil para darse cuenta de que sus efectos son devastadores. Y sin llegar a esas últimas consecuencias, los efectos del acoso homofóbico en la infancia y la juventud plagarán la vida de cualquier individuo que lo sufra: absentismo, drogadicción, agresividad, indolencia, incapacidad comunicativa, aislamiento… síntomas que empeoran con el silencio que rodea a esta agresión, en la etapa más vulnerable del ser humano.

En España, fue necesario el compromiso de un gobierno de izquierda (PSOE) para que se pudiesen crear herramientas contra el acoso homofóbico. El resultado más evidente fue la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos (EpC), una asignatura que contenía, entre otras evidencias de la diversidad en igualdad, una pionera visibilización de la diversidad afectivo sexual. Aunque, por desgracia, el siguiente gobierno de derechas (PP), a instancias de la Iglesia (el gran promotor de la homofobia), convirtió en una de sus prioridades derrumbar esta asignatura y devolver la de Religión como obligatoria. A pesar de este revés, durante esos años de ilusión y experimentación, se generó toda una red de herramientas y estrategias ante el acoso homofóbico –desde el personal docente hasta las asociaciones LGTB pasando por el voluntariado que da charlas en escuelas e institutos– que ha subsistido en alza.

Yo me voy a centrar en las experiencias y estrategias de profesores abiertamente homosexuales (junto a alguno heterosexual), como cartografía óptima para ilustrar esta red. Tengo que avisar que hablo del caso de niños porque el acoso a lesbianas es menor y menos evidente, ya que la lesbiana, como la mujer en general, sufre otra forma de agresión –la invisibilización– que tiene sus propias reglas y consecuencias. Pero, por supuesto, hay que tener en cuenta los casos en que a una niña se le acosa por ser “marimacho” o “machorra” o “camionera”, porque existen. No contemplaremos tampoco los casos de transfobia, ya que, aunque a veces son incluso más violentos, requieren un estudio específico que, aunque deriva de la homofobia y misoginia, animamos a cualquier docente que se vea involucrado en esta forma de acoso a investigar el tema. Un primer paso sería, en cualquier caso, no confundir transexualidad y homosexualidad, un error que produce enorme sufrimiento a sus víctimas.

Eva Abril, profesora de secundaria abiertamente lesbiana y portavoz del partido de izquierdas IU en la localidad madrileña de Aranjuez, es un ejemplo de eficacia en la lucha contra la homofobia. Lo primero que subraya en su entrevista es la importancia de ser abiertamente homosexual como docente.

Ignacio Pichardo, profesor de universidad e investigador sobre la situación de adolescentes gays, lesbianas, bisexuales y transexuales en ámbitos educativos, puntualiza, sin embargo, que la lucha contra la homofobia no debe ser una responsabilidad del “profe homosexual”. “A veces, sirve de disculpa para no hacer nada”, explica, “si el homosexual no hace nada, ¿por qué lo voy a hacer yo?, argumentan a veces los profesores. Echando todo el peso sobre el profesor homosexual, que ya sufre su propio proceso de homofobia”. 

Eva responde ante este dato argumentando que 

No es hacer nada. Es ‘estar’ de una manera en el mundo. El profesorado abiertamente homosexual ya está haciendo una labor ingente por el mero hecho de su visibilidad; como modelo o referente para cualquier alumno que debata su orientación. Sin necesidad de hacer nada más. Yo he tenido en ese sentido experiencias preciosas de alumnos que se me han acercado a compartir sus dudas. A mí lo que más me gusta es cuando surge la oportunidad de decir ‘yo soy lesbiana’ y la sorpresa que genera. Sobre todo que ves cómo algunas caras se iluminan. 

En este sentido, Eva aclara: 

Yo no saco el tema, yo no digo “soy lesbiana”; pero si un niño le dice a otro ‘maricón’, entonces paro la clase y les digo, mira, no: aquí no se va a consentir que os insultéis ni por género, ni por raza, ni por diversidad sexual ni religiosa y demás; y no lo digo yo, lo dice la Constitución. Entonces como yo quiero que respetéis la Constitución os lo digo. Y es más, yo os lo digo porque yo me siento más afectada como persona lesbiana que soy. Entonces, claro, flipan.

Pichardo, por otro lado, destaca la importancia de “no esperar a que se dé, lo ideal es que no se dé, sino desarrollar herramientas para prevenirlo. Hay que trabajar tanto en prevenirlo como en afrontarlo”. En ese sentido, recomienda el video Diversidad sexual y convivencia: una oportunidad educativa (en YouTube) o la investigación coordinada por Generelo y Pichardo (2005). Sobre el caso del alumno que acude a un profesor a pedir ayuda, Ignacio analiza “pues si acude a ti es que algo bueno has hecho. En las investigaciones sale que el alumno enseguida detecta con quién puede hablar. Normalmente son profesoras. En este sentido, hicimos una campaña llamada Yo contra la homofobia, donde los profes se ponían una pegatina con ese texto o llevaban unas carpetas que decían eso. La idea era hacerse visible como profe con el que se puede hablar de ello. Porque la sensación que tiene el alumnado es que nadie va a hacer nada. Eso sale en todas las encuestas”. Pero también denuncia que “Desde el Estado o las comunidades autónomas no se ha hecho nada. Sólo Canarias tiene un protocolo de atención a niños y niñas transexuales. Y es que no es lo mismo que un sindicato como CCOO o una asociación LGTB te mande un protocolo a que la Consejería de Educación mande a todos sus centros un protocolo diciendo: en estos casos hay que hacer esto, esto y esto”.

Por su lado, Eva abril, al preguntarle qué aconsejaría al profesor al que se le acerca un niño a denunciar acoso, aclara que no tienen que ser las propias víctimas, a veces, son sus amigos los que acuden a decírtelo. Pero tú dentro del aula sabes. Otra cosa es que no te quieras involucrar. Yo me meto. Yo cuando hay un conflicto entre dos alumnos o dos alumnas, los siento juntos. Y les digo ‘os matáis u os entendéis’, los pongo cerca de mí y casi siempre lo resuelven. Porque la persona que ataca a otra, casi siempre en la adolescencia o en la infancia, se sirve de una corte que tiene alrededor. Pero en el momento en que tú los sacas de ese contexto y los llevas fuera, lo neutralizas. Luego también voy a hablar con ellos fuera del aula. Y sobre todo lo que intento hacer con la persona que está ejerciendo esa agresión, es que le intento hacer ver en qué él, o ella, podría ser agredido. Yo me voy a su debilidad, a su vulnerabilidad. ‘A ti te gustaría que yo me riese de tu…’. Y desde su vulnerabilidad lo entienden. Porque, claro, el problema que tenemos es que en este modelo hegemónico que nos quieren vender no hay ninguno que se salve. Y lo que hago también es saber quién puede tener un perfil de liderazgo o capacidades mayores para convencer y ese liderazgo lo potencio. Es decir: le pido ayuda. Aunque esa persona haya estado incluso insultando o agrediendo a la víctima, yo le pido ayuda. Y si eso no puede ser porque la situación está muy enconada, pues ya está poder hablar con el tutor o tutora, hablar con el jefe o jefa de estudios, hablar hasta con los padres y decírselo. ¿Cuál es el problema que tienes al hablar con los padres? Pues que, seguramente, un niño que es racista o que es homófobo viene de que su familia es racista u homófoba.

En este punto, Eva se ilumina recordando un caso: 

A mí me ha pasado una cosa preciosísima. Y es que  yo tenía una niña que era superhomófoba, superracista, clasista total y absoluta y yo la tuve un año primero en tercero de la ESO (15 años). ¿Y qué paso? Que esta chavala al principio me decía ‘mira, profe, yo no entiendo lo de la homosexualidad, yo no lo entiendo, a mí me da mucho asco… pero tú a mí me caes muy bien’ ¿Y entonces qué pasó? Que a través de lo afectivo ella me iba preguntando y al final fue empatizando conmigo. Entonces, al año siguiente, que la volví a tener, entendía perfectamente que hubiese personas homosexuales, otras tal, otras cual… Y ya no sólo eso, sino que entonces ¡quién no lo entendía eran sus padres! Y llegó un momento en que me dijo ‘Ay, profe, que dice mi padre que a ver si voy a ser lesbiana yo también. Porque como te quiero tanto. ¡Que a ver si es que me estás convirtiendo! Y es que no entienden por qué te quiero tanto. Pero es que yo te tengo mucho cariño y me has enseñado mucho’. Y, claro, al final ella terminó educando a los padres. Y, esta chica, cuando yo llegué este año al instituto y les enseñé la tripa (Eva ha sido fecundada para tener un hijo con su pareja, la actriz Meritxell). ¡Pues se echó a llorar!”. Sobre los padres, me aclara que “también cambiaron al ver cómo su hija cambiaba para mejor, lo aprobó todo, y al ver que yo era una influencia positiva me respetaron sabiendo que soy homosexual. 

Marisol Cosimano, heterosexual, profesora interina de primaria y secundaria, que vino con una dilatada experiencia de Mendoza, Argentina, a continuar su labor docente en el complicado extrarradio de Madrid, atesora un par de cuentos infantiles sobre diversidad afectivo-sexual, uno de Pena y Maján (2007) y otro de Termenón (2007) “que son herramientas que me han servido mucho”. Curiosamente, Marisol coincide con Eva en su estrategia de buscar la debilidad del agresor y hacerle comprender que él también podría ser víctima de esa discriminación: “tuve un chico gitano, muy amanerado y que se pintaba las uñas, que era acosado constantemente por un grupo. Lo que hice fue reunirme con el grupo de agresores y decirles ¿y si yo me riese de que tú eres ‘moro’? ¿Si yo me riese imaginándote en casa ‘disfrazado de moro’? ¿Cómo te sentirías? O que en tu caso, ¿me riese de que eres rumano como los vampiros de Transilvania y trajese ajos para ‘espantarte’? Y al final, lo entendieron y dejaron de acosar al chico”. 

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De su larga experiencia con niños de primaria, han surgido estrategias muy efectivas:

Cuando sale un insulto como ‘maricón’, yo detengo la clase, les siento en círculo sobre un tatami, es importante la sensación de igualdad y que nos veamos los ojos, y analizo por qué ha salido la palabra sin entrar en el significado de la misma. Yo me centro en cómo hace sentir mal De su larga experiencia con niños de primaria, han surgido estrategias muy al otro y lo entienden enseguida. Quizás no funcione la primera vez, pero a la tercera son ellos mismos los que ponen límites al niño o niña que vuelve a utilizar el insulto. ‘Esa palabra no deberías usarla’, les dicen. ‘Marisol nos ha dicho que hace sentirse mal al otro y no debemos usarla’. Y si el niño sigue usándola, le aíslan. 

Sobre casos concretos, Marisol recuerda especialmente a un niño que era hijo de dos madres. “Ahí se ve perfectamente una regla inamovible en el acoso homofóbico en primaria: la homofobia o el racismo o el machismo nunca sale de los niños sino de sus padres. El niño no tiene esa maldad. Son los padres los que le enseñan a discriminar u odiar. Los niños sólo repiten lo que ven en casa”, denuncia. 

En el caso de este niño, no hubo ningún problema hasta que los padres entraron en escena en la Fiesta Anual de la Familia que reúne en el centro a profesores, niños y padres. De repente, los otros padres conocieron a las madres de este niño y empezaron a criticar, darse codazos y murmurar. Unos días después, los niños, que hasta entonces habían visto a las madres del niño con absoluta naturalidad, empezaron a reírse de él ‘por qué no tienes papá. Tienes dos mamás. Eres un monstruo’. Repetían lo que habían escuchado en casa a sus padres.   

Raquel/Lucas Platero, profesora abiertamente lesbiana de secundaria y activista LGTBQ, autora de varios manuales y ensayos muy reconocidos, resume su experiencia y estrategias en un magnífico libro (Platero, 2007), pero sobre casos concretos cuenta: 

Hace dos semanas en mi instituto a una chica asiática, que está en un programa alternativo a la ESO que se llama Formación Profesional Básica, los compañeros le tiraban las cosas por la ventana, le empujaban, es la única chica de clase. Y al final lo que funciona es que los chavales no se sientan solos y se lo puedan contar a alguien. Lo que generalmente pasa es que se lo cuentan a alguien de su edad. Entonces todas las herramientas que van en la dirección de los programas de alumnos tutores son óptimas, es decir: alumnos en el centro a los que se les da formación y responsabilidad para ser, de alguna manera, representantes de estudiantes o que ayuden en el seno escolar, funcionan bastante mejor. Porque es más difícil que un alumno se acerque a un profe a que se lo diga a otro alumno. 

Pero, sobre todo, subraya que: 

[…] lo que mejor funciona es que el profesorado intentemos conseguir un acuerdo escolar de todo el centro por el cual esté por escrito y se diga que no está permitido el acoso. Porque lo que suele pasar es que, cuando ocurre, tú te acercas a dirección y dices ‘pasa esto’, y la respuesta es ‘no es para tanto’. Entonces, a no ser que tú tengas ese acuerdo previo, que puede ser en los documentos oficiales que tiene escrito el centro, por ley, que todos los centros lo tengan que desarrollar y tú puedas acogerte a esa norma para reclamar atención en esa situación, te van a decir ese ‘es una simple broma’, algo sin importancia. 

Esta es una estrategia prioritaria compartida por todos los profesores consultados. La heroicidad individual no puede ser la estrategia, insisten. A pesar de que la mayoría de lo conseguido no habría sido posible sin la solidaridad de estos héroes y heroínas que son el personal docente comprometido.

Referencias

COGAM

Generelo, J. & Pichardo, J. I. (2005) (Coord.). Homofobia en el sistema educativo. Recuperado de: ttps://www.academia.edu/2507349/Homofobia_en_el_sistema_educativo.

Pena, W. & Maján, R. (2007) ¿De quién me enamoraré? Badajoz: Fundación Triángulo.

Platero, R  & Gómez, E. (2007) Herramientas para combatir el bullying homofóbico Ediciones Talasa.

Termenón Delgado, J. (2007) Vengo. Recuperado de: eraseunavez.com