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Mi primer día como profe, marcó mi carrera

Magisterio
04/10/2018 - 20:15
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Mi primer día como profe fue en Arboledas, un hermoso municipio de Norte de Santander (Colombia); lo que sabía de la zona lo había encontrado a través de google y las indicaciones sobre cómo llegar me las dió mi padre. Un día lunes algo frío, los nervios se apoderaban de mi, pero en el transcurso del viaje desde el casco urbano hacia el corregimiento de Castro fuimos bajando en medio de conversaciones con otras docentes, más experimentadas y mayores a mi parecer. Después de veinte minutos de viaje en el bus escolar, no solo era observada como "La nueva", sino también como bicho raro, pues al parecer mi vestuario, hablar y actuar era muy representativo de la ciudad.

La distribución de los grupos, los planes de área, horarios y muestra física del colegio fue en cuestión de minutos, luego me encontraba con el primer grupo al que le daría mi primera clase de lengua castellana. 

El grupo era numeroso, unos treinta y ocho pares de ojos puestos en mí, sus sonrisas y saludos me hicieron relajar inmediatamente; así que elegí el típico juego recreativo para romper el hielo y conocerlos: les pedí sacar lápiz y papel, les di instrucciones sobre unas palabras que iba a dictar y lo que debían hacer con ellas.

Un joven bastante alto se levantó y me pidió que por favor no dictara las palabras, se me hizo sumamente extraña esa solicitud, teniendo en cuenta que ya estaban bastante grandesitos como para no poder con un dictado. Ante mi extrañeza, el joven representante del salón me argumentó su petición: "Profe, es que hay una compañera sorda. Por eso no puede dictar."

En ese momento, entré en pánico, no estaba preparada, nadie me lo dijo, quién me capacitaría, cómo me comunicaría, dónde estaban los textos adaptados, cuáles eran los contenidos. Tantas preguntas, sin respuesta alguna.

Me ausenté del aula, fui a la sala de profesores y encontré algunos compañeros. Honestamente las respuestas y consejos que recibí no fueron aliviadores: "Ella puede así", ""Eso, usted no se afane, usted cumpla con su clase", "Ella tiene dos amiguitas que le entienden, con eso basta". 

Al ingresar al aula, di las instrucciones de la actividad a realizar, hicieron grupos, repartí el material y me dirigí a ella, quien con una mirada algo nerviosa se dejó guiar. Para sorpresa de ella y mía, yo había estudiado en un vistazo en el teléfono móvil a través de Colombia Aprende unas señas de saludo y presentación, digo mía, porque me sorprendió ver que no me entendía, así que nada más fluyó. Ella se reintegró a su grupo de amigas que parecían más ángeles de la guarda, pues la acompañaban a todos lados y la conectaban con el mundo.

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Me desanimé un poco, porque ese hasta el momento era mi mejor recurso. Pero durante el desarrollo de la clase, la vi interactuar con sus compañeros, compartir y reír; ellos de manera muy inteligente repartieron funciones, y la de ella fue agregar estética y vida a la cartelera ¡Qué buena dibujante es! -pensé, y se me ocurrió una nueva idea. En el siguiente bloque de clase, le propuse dibujar, me entendió y se animó, le pedí con señas inventadas e improvisadas por mi, dibujar su familia, su casa y lo que le gustaba hacer; así me enteré que tenía dos o tres hermanos más, vivía con mamá y papá, pero este se encontraba lejos trabajando. 

 "Profe, es que hay una compañera sorda. Por eso no puede dictar."

De esta manera, pude crear una rápida amistad con Valentina, una niña de dulce mirada, mejillas siempre sonrojadas y cabello largo, quien me demostró que hay lecciones puestas en cada día de nuestras vidas, me demostró que imposibles no hay; gracias a Valentina, esa misma semana al viajar a Cúcuta inicié mis clases de lenguaje de señas, cada domingo asistía a clases y los lunes llegaba cargada de ideas para ella, logré que se apropiara de señas básicas, el himno nacional y el padre nuestro, además de esto empezó a ser vista de manera distinta por sus compañeros quienes transformaron su amor protector en admiración y orgullo, creamos un aula de inclusión y nuestra clase más esperada de la semana, era la clase de lenguaje de señas colombiano. Qué alegría y sorpresa me llevé yo, cuando noté que la gran mayoría de muchachos del Centro Educativo ya tenían una seña personal para presentarse ante ella y que siempre buscaban la oportunidad para saludarla.

Mi primer día como profe, marcó mi carrera, pues a pesar de que ya no estoy en esa institución, mi primer día de trabajo representó mi primer gran reto y hasta ahora ninguno lo ha igualado, ese día me descubrí a mi misma y descubrí la hermosa labor de educar.

Jessica Ortiz
Institución Educativa Luis Gabriel Castro

Photo by MI PHAM on Unsplash