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Las evaluaciones estandarizadas una reflexión crítica

Por Alexis López
Magisterio
22/11/2017 - 12:15
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Foto de d3images. Tomada de Freepik

Históricamente, las evaluaciones se han usado como mecanismos de control y poder (Madaus, 1988). Según Foucault (1979), las evaluaciones son observaciones normalizadas o métodos de vigilancia que nos permiten cuantificar, clasificar y castigar. Las evaluaciones también se pueden percibir como instrumentos simbólicos e ideológicos para mantener las estructuras sociales de la clase élite, la cual usa las evaluaciones para mantener y conservar su lugar en la sociedad (Bourdieu, 1991). Esto es lo que Foucault llama “poder/conocimiento”. Es decir, el conocimiento es un instrumento de poder y las evaluaciones se convierten en un método de despliegue de ese poder y de la búsqueda de la verdad. Las instituciones y los profesores a menudo usan las evaluaciones para determinar qué saben los estudiantes y para controlar su conducta dirigiéndolos hacia qué se debe estudiar. Las evaluaciones también sirven como documentos o pruebas del conocimiento de los estudiantes. Estos documentos a su vez dan información detallada sobre los estudiantes y permiten que los sistemas de poder los controlen (por ejemplo, promedio académico, nota parcial, nota final). Los que tienen el poder, es decir, las instituciones educativas, usan estos documentos para formular categorías, promedios y normas que a su vez se convierten en una base para el conocimiento.

+Lea: La evaluación como herramienta pedagógica para el aprendizaje

Los resultados de una evaluación o de un sistema de evaluaciones se convierten en un método para controlar y estos pueden determinar muchos aspectos importantes en la vida de los estudiantes. Madaus (1988) resalta que los resultados de las evaluaciones determinan frecuentemente el futuro que puede tener un individuo. Por ejemplo, las evaluaciones pueden abrir o cerrar puertas, dar o quitar oportunidades y en cierta forma, determinar el rumbo que estos estudiantes toman en la vida. Los resultados de las evaluaciones pueden tener un efecto perjudicial o negativo en los estudiantes dependiendo de las decisiones que se tomen a partir de ellos. Un resultado positivo puede avalar el éxito que un individuo puede tener o puede darle acceso a muy buenas oportunidades (por ejemplo para aprobar un curso, graduarse, tener acceso a una educación de alta calidad, obtener una beca, obtener un buen trabajo). Y por el contrario, un resultado negativo en una evaluación puede destruir la vida de un individuo, crearle una autopercepción negativa o colocarle obstáculos para que pueda alcanzar todas sus metas.

Este problema se ve reflejado en muchas evaluaciones estandarizadas. En el caso de Colombia tenemos el Examen de Estado, o prueba Saber 11. Los resultados de esta evaluación estandarizada determinan a qué instituciones de nivel superior puede tener acceso o a qué carreras puede aspirar un individuo. Estas decisiones pueden delimitar irreversiblemente el futuro de cada estudiante. Aun cuando estos estudiantes puedan tomar este examen en más de una ocasión, el resultado del primer examen influye drásticamente en la autoestima de cada individuo porque no se cuestionan y se interpretan como evidencia de su limitado conocimiento. Igualmente, se pude dar el caso del efecto del “Lago Wobegon” (Koretz, 1988), en el que la mejoría entre los resultados de una evaluación y otra no se debe a que se ha adquirido más conocimiento, sino a que el individuo está más familiarizado con la evaluación porque la ha tomado varias veces.

Por otra parte, vemos que las evaluaciones son instrumentos que tienen mucho poder porque dan información y pueden propiciar cambios (Li, 1990). Las evaluaciones tienen el poder de informar sobre el proceso de enseñanza y de aprendizaje. Por ejemplo, las evaluaciones pueden dar información a las instituciones, a los profesores, al estudiante y a los padres de familia sobre lo que los estudiantes saben y pueden hacer, y sobre la efectividad de los métodos, materiales y actividades que se están usando. Igualmente, las evaluaciones también tienen el poder de propiciar o fomentar cambios. Por ejemplo, los resultados de una evaluación pueden obligar a un profesor a usar métodos, materiales o actividades diferentes o a reforzar un tema específico. De igual manera, los resultados de una evaluación pueden obligar al estudiante a estudiar más, a venir a clase más frecuentemente, o usar estrategias de estudio diferentes. Las evaluaciones adquieren aún más poder si se usan como el único indicador del proceso de aprendizaje (Madaus, 1988). Infortunadamente, muchas instituciones de educación superior en Colombia usan los resultados del Examen de Estado como único criterio para tomar decisiones sobre quienes tienen acceso a la institución y a qué carreras.

+Lea: La evaluación del aprendizaje: los instrumentos de evaluación

En un sistema de evaluación del aprendizaje existen varios grupos de individuos. Infortunadamente, existe una relación de poder desigual entre los grupos que conforman un sistema de evaluación (Hamp-Lyons, 2000). Estos grupos se pueden dividir en dos categorías: los grupos que tienen el poder de tomar decisiones – los que diseñan y administran las evaluaciones – y los grupos que van a estar directamente afectados por estas decisiones – los que toman el examen. Generalmente, los que toman las decisiones son las instituciones y los directamente afectados son los individuos (Madaus, 1988). Entre los grupos que tienen el poder de tomar decisiones encontramos a los directivos que imponen las políticas educativas (ministerios y secretarías de educación, rectores) y los que diseñan el examen (entidad pública o privada, investigadores, profesores). Estos grupos determinan qué se evalúa, cómo y cuándo se evalúa, cómo usar las evaluaciones, cómo calificarlas, y cómo se deben interpretar los resultados.

Entre los grupos que pueden estar directamente afectados por las decisiones que se toman con base en los resultados de las evaluaciones encontramos a los colegios, los profesores, los padres de familia y los estudiantes. Los colegios pueden estar directamente afectados por los resultados de las evaluaciones estandarizadas porque los resultados de estas se pueden usar para compararlos con otros colegios o para determinar si un colegio se puede clasificar como de alto o bajo rendimiento. Los profesores también se pueden ver directamente afectados con los resultados de una evaluación porque esta se puede usar para evaluar su efectividad o su calidad como docentes.

+Conozca la Revista Evaluación para el aprendizaje

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Referencias

Madaus, G. F. (1988). The influence of testing on the curriculum. En L. Tanner (ed.), Critical issues in curriculum: Eighty-seventh yearbook of the National Society for the Study of Education, (pp. 83-121). Chicago: Chicago Press.

Foucault, M. (1979). Discipline and punishment. New York: Vintage.

Bourdieu, P. (1991). Language and symbolic power. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Li, X. (1990). How powerful can a language test be? The MET in China. Journal of Multilingual and Multicultural Development, 11(5), 393-404.

Hamp-Lyons, L. (2000). Social, professional and individual responsibility in language testing. System, 28(4), 579-591.

Título tomado del libro: La evaluación como herramienta para aprendizaje. Autor: Alexis López. pp. 117-119

Foto de d3images. Tomada de Freepik