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La evaluación y su relación con los padres

Por Philippe Perrenoud
Magisterio
14/09/2018 - 11:45
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Foto de Rawpixel.com. Tomada de Freepik

Los padres efectivamente están interesados en la certificación y la orientación de sus hijos. La regulación durante el proceso, que tiene a la vez elementos de balance, de seguimiento y de pronóstico, también les concierne. Esta regulación parece responder a las preguntas omnipresentes: ¿mi hijo tiene los medios y la voluntad de aprender? ¿Sigue el programa “normalmente”? ¿Tiene oportunidades de acceder a la etapa o al ciclo siguiente o a las carreras secundarias más envidiables?

¿Se debe por eso, hablar de evaluación informativa?

La expresión, en boga en ciertos sistemas educativos, no me parece muy afortunada. Informar a los padres no debería exigir una forma específica de evaluación. A mi parecer, basta con hacerle conocer a los padres, bajo formatos y con un grado de detalle correspondiente a sus necesidades, indicaciones que ya están disponibles y que los docentes necesitan de todas maneras para hacer su trabajo. Es así como un médico no tiene ningún motivo para establecer un diagnóstico específico en el uso exclusivo de sus pacientes; se limita a darles conocimientos de lo que aprendió para decidir un tratamiento. La idea de evaluación informativa podría sugerir que sería oportuno recoger datos con el único fin de informar a los padres, en vez de considerarla como una forma de “vulgarización” de los datos que son, de cualquier modo, necesarios para que el profesional guíe los aprendizajes y los itinerarios de formación.

Si la escuela no logra revertir la lógica actual, para hacer que la información que se le da a los padres sea un derivado de las informaciones recolectadas con fines formativos, certificativos o pronósticos, pasará cada vez más tiempo produciendo una información específica destinada a los padres, consumidores cada vez más exigentes, y cada vez con menos tiempo, delimitando lo que posibilita hacer aprender.

El derecho a saber

Es importante ofrecer regularmente información a los padres, sobre las diversas formas de evaluación de sus hijos, así como los resultados. Los padres necesitan tener esa información para jugar su rol. Esta necesidad aumenta cuando se vislumbra en el horizonte una selección o una orientación cuya clave parece ser la evaluación. La confianza de los padres disminuye a medida que se acercan los plazos juzgados decisivos para la promoción de sus hijos. Eso es todavía más fuerte porque hay un conflicto entre los intereses de la familia –que aspira a una orientación más favorable– y las exigencias que el sistema educativo puede oponer a esa aspiración bajo el nombre de “mantener el nivel” y por medida de equidad.

Aun con la ausencia de plazos próximos, los padres anticipan varios años el momento de la selección, perciben los retos, desean que sus hijos salgan bien, se preocupan y quieren por consiguiente seguir y sostener su progreso. Esto es absolutamente normal. No se les puede pedir al mismo tiempo que favorezcan incondicionalmente la escolaridad –dar a sus hijos el deseo de aprender, sostener su trabajo escolar y controlarlo cuando se hace en casa– e invitarlos a desinteresarse de sus progresos y de los pronósticos de conocimiento o de orientación que de ahí se derivan. Esperar un gran desprendimiento de eso es más utópico si el sistema educativo práctica una selección precoz, severa, poco negociada y relativamente irreversible. Los sistemas educativos que se quejan de la presión que ejercen los padres sobre la pedagogía y sobre la evaluación, en lo cotidiano harían mejor al considerarla como una simple adaptación, proporcionada por la fuerza de la selección del momento durante la primaria y sobre todo al momento de pasar a la secundaria

Sin embargo, podemos observar que incluso en los sistemas menos selectivos, los padres piensan que necesitan una información regular para asumir sus responsabilidades. Sería absurdo pedirles que esperen el balance de final de ciclo para tener información sobre los progresos de sus hijos. Esto es aún más cierto si los ciclos de aprendizaje duran tres o cuatro años. Los padres tienen derecho a una información más constante.

Ningún sistema en camino de introducir ciclos, piensa, además, en privarlos de eso. La información a los padres es crucial. Sus expectativas, sus angustias y sus estrategias pueden desvirtuar el sistema de evaluación informar a los padres formativa mejor pensada, arruinar sus esfuerzos de orientación, volver dramática la certificación final y hacer que ella pese anticipadamente sobre toda la escolaridad. Es importante trabajar entonces de manera intensiva con los padres cuando se implementen ciclos de aprendizaje plurianuales.

La trampa sería volver esta solicitud legítima, haciendo del boletín escolar destinado a los padres el alfa y el omega de la evaluación en los ciclos, un emprendimiento tan prioritario que desviaría la evaluación formativa. Para informar a los padres, sería suficiente que los profesores hiciesen un esfuerzo periódico de síntesis y de traducción de los elementos que de todas maneras deben reunir para guiar los aprendizajes.

La verdadera pregunta es, entonces, saber cómo volver accesible a los estudiantes y a los padres, bajo formas e intervalos apropiados, una parte de los resultados de una evaluación hecha, primero, por los profesionales para regular un proceso de aprendizaje, fundar una decisión de orientación o hacer un balance certificativo al final de la evaluación.

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Esta preocupación debería llevar al sistema educativo y a los docentes, en relación con cada una de las tres funciones básicas, a proceder por etapas.

• Primero, a hacer uso de instrumentos de evaluación pertinentes y eficaces para cada función (regulación, orientación o certificación), sin la preocupación, en ese estado, de que sean comprendidos por los profanos;

• Luego, asociar a los estudiantes, en la medida de sus posibilidades, a la recolección y a la interpretación de datos y a la preparación de eventuales decisiones;

• Por último, formalizar la información recolectada y las interpretaciones que ésta permite, con el fin de volverla accesible a otros destinatarios, para informarlos y a veces motivarlos.

Título tomado del libro: Los ciclos de aprendizaje. Autor: Philippe Perrenoud. pp. 139-141

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Foto de  Rawpixel.com. Tomada de Freepik