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La danza en la escuela

Por Claudia Patricia Gallo Castro , Por Egnan Yesid Álvarez Cruz , Por Henry Wilson León Calderón , Por Javier Alfonso Delgadillo Molano
Magisterio
27/09/2018 - 09:30
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Foto de Freepik

El origen y razón de la danza está en el pasado de la humanidad, en la necesidad misma del movimiento. La danza para las culturas primitivas, provoca la unión entre el alma y el cuerpo, entre la libre expresión de las emociones y la rigidez de las conductas establecidas, marca un nexo entre la vida social y la manifestación de la individualidad, del juego, de la religión, del combate y del drama (Sachs, 1967. P. 13). Conserva en ella la esencia de la vida misma, solo que trasciende a otro nivel de expresión y comunicación, en el sentido de poner en comunidad lo que se expresa. La danza es considerada como la vida misma, una necesidad que permite el vínculo directo con los dioses (espiritual), pero que en la práctica de la cotidianidad puede ir desde la preparación para la guerra, la sanación del alma, del cuerpo, hasta ser el centro de energía mediante el cual se desafían los miedos, los temores, pero que también es capaz de hacer realidad los sueños, que de otra manera serían imposibles. Es un complejo sistema de lenguaje no verbal, una construcción social de códigos corporales que adquieren la función de expresión y por ende de comunicación.

+Lea: Pedagogía para pensar la educación artística

En su estructura narrativa, la danza adquiere otra característica porque enuncia la realidad, llega a considerarse obra de arte cuando la intención simbólica de su representación afecta e influye en lo humano, en el espectáculo, si bien conserva el carácter espiritual, porque evoca lo no tangible de lo humano, de sus creencias, de sus miradas del mundo, al mismo tiempo rompe el poder universal al que se refiere Kur Sachs (1967, p.16), cuando nos recuerda que la danza es un todo que une cuerpo y espíritu con el universo de las cosas, no hay una fractura con el orden del mundo, es parte de él.

 La danza permite comprenderse como parte de la cosmogonía y conduce a la comprensión profunda de la expresión simbólica que encierra la condición humana. La danza es la poética del cuerpo en movimiento, desde la representación sensible hecha cuerpo del pensamiento sobre el mundo y la realidad a partir de la capacidad de decir a través del cuerpo danzante.

La obra de arte cuestiona, indaga y propone a través de la danza lo más profundo de lo humano, que no puede ser develado ni cuestionado de otra forma sino mediante lo danzario, siendo ella, una abstracción no verbal que dice de la realidad. Por ello el bailarín la crea en cada movimiento, aun cuando siga un relato, nunca será el mismo en cada puesta en escena. A su vez tiene los visos de un narcisista, pues su propio cuerpo cuenta; aun en el colectivo es único y habla por sí y para sí mismo. De esta manera el espectador conoce la obra en toda su dimensión, tejiendo su mirada sobre ella.

+Lea: La danza folclórica y sus construcciones esenciales

Corresponde a la escuela reconocer el valor pedagógico de la danza, su papel en la modificabilidad simbólica, producido en la exploración de esquemas de percepción a través del movimiento, en la visibilización de las características en el proceso de representación mental, al vincular fuertemente la triada emoción -intención - contexto. La danza permite comprenderse como parte de la cosmogonía y conduce a la comprensión profunda de la expresión simbólica que encierra la condición humana. La danza es la poética del cuerpo en movimiento, desde la representación sensible hecha cuerpo del pensamiento sobre el mundo y la realidad a partir de la capacidad de decir a través del cuerpo danzante.

Danzar no solamente quiere decir bailar, o ejecutar movimientos acompasados con el cuerpo, brazos y pies. Existe una intención, una medida de tiempo, un espacio, un momento, una forma, una temática, unos significantes (Vahos O, p. 107), una estructura dramática que, junto al sonido, a la melodía, a la palabra cantada o a los ritmos internos, incita, provoca al danzante, hasta llegar a su máxima expresión concertada por el ritual mismo de la vida.

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La danza al convertirse en una estructura simbólica expresa, es una experiencia individual; si bien se presenta a un público al que comunica algo, es ante todo una expresión de sí mismo hacia sí mismo y los otros. Por eso su carácter narcisista. La producción social del movimiento danzado construye un sistema de códigos corporales aceptados por una cultura, que al interactuar, cumple una función social directa desde el acto perceptivo y satisface el sentido de la creación.

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Título tomado del libro: Pedagogía para pensar .Una apuesta desde la danza y el teatro. Autores: Claudia Patricia Gallo Castro; Egnan Yesid Álvarez Cruz; Henry Wilson León Calderón; Javier Alfonso Delgadillo Molano. pp.68-69.

Foto de Freepik