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El clima escolar como primera dimensión de la escuela constructora de paz

Magisterio
06/09/2017 - 16:00
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Foto de creativeart. Tomada de Freepik

Siempre hemos sabido que la escuela es un escenario privilegiado para la construcción de ciudadanía y la formación de las capacidades necesarias para vivir en comunidad. Sin embargo, nunca como antes hemos tenido tantas preguntas sobre cómo hacer que esta potencia sea una realidad. Esto se debe, como es entendible, al momento histórico en el que como país vivimos. Sin embargo, el reto latente es trascender lo meramente operativo para hacer de la escuela un verdadero escenario de paz.

Ahora bien, nuestra sociedad, caracterizada por enormes vacíos institucionales, ha creído que todos los campos desatendidos por el estado deben resolverse mediante la oficialización de cátedras en la escuela. Asistimos entonces a una institucionalidad escolar que debe incluir en sus currículos los asuntos más diversos de nuestra realidad cultural, y en muchas ocasiones, espacios bien intencionados se convierten en verdaderas “cargas” para maestros y estudiantes.

+Lea: Los grupos interactivos y el clima escolar

En este sentido, la reflexión inicial para entender a la escuela como un espacio propicio, adecuado y necesario en la construcción de paz, es que este proceso no es reductible a una cátedra o a una serie de contenidos aislados. Si pensamos en el rol que la sociedad demanda de nuestras escuelas (las que corresponden a los territorios colombianos) debemos hacer conciencia de que nuestros ciudadanos deben ser actores de paz todo el tiempo y en todos los lugares, no solamente en algunas horas de asignación curricular.

Lo anterior implica dos grandes retos para la escuela: el primero de ellos es integrar reflexiones sobre la paz en todos los momentos de la cotidianidad escolar. El segundo es hacer de la escuela, en si misma, un territorio intencionado para la convivencia. En ambos casos es importante atender a una noción que ha cobrado mucha fuerza en la última década: el clima escolar.

En el famoso informe SERCE (2008) la UNESCO mostró que el clima escolar es la variable que más incide en el logro, asignándole un 49% de peso en los aprendizajes. Sin embargo, la potencia central de este factor, en sociedades como la colombiana, no radica solo en la obtención de más y mejores aprendizajes.

Si entendemos el clima escolar como un conjunto de valores, metas, y prácticas que delimitan el marco de relaciones entre los distintos actores de la escuela, podremos reconocer que los procesos de socialización y formación ciudadana, que encuentran un lugar privilegiado en la escuela, son configurados desde las condiciones del clima escolar.

Esto se debe, entre varias razones a la existencia de ambientes adecuados para el aprendizaje, la promoción de la autoconfianza de los estudiantes y la comprensión de los distintos niveles y formas de enseñanza y aprendizaje que pueden coexistir en la escuela.

+Lea: A propósito de la ley de convivencia en los colegios

Como puede verse, cuando hablamos de clima escolar no hablamos solo de un factor asociado a asuntos de desempeño académico o logro educativo. En esencia, lo que se pone en escena es un dispositivo, que debe gestionarse, para hacer de la escuela un escenario propicio para los aprendizajes, incluido desde luego el componente relacional.

Desde las anteriores perspectivas, la propuesta de la escuela como espacio para la paz pasa necesariamente por una reflexión de esta institución como un escenario con un clima que permite la convivencia y el desarrollo de competencias socioemocionales en los diversos miembros de las comunidades educativas.

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Antes de pensar en los contenidos de las cátedras de la paz, es muy conveniente pensar en la gestión del clima escolar como una tarea institucional fundamental para la formación de los ciudadanos con capacidad de crear escenarios de mediación en otros contextos e instituciones sociales. En esta medida es necesario trazarse retos alcanzables y discursos sencillos para entender la construcción de paz.

No se trata de que todos los estudiantes reciten los componentes de los acuerdos de cese al fuego, o conozcan de memoria las fases de la mediación de conflictos. Se trata de encontrar alcances tempranos que movilicen pensamiento y aporten a la formación de ciudadanías reflexivas, críticas y propositivas. Cuando se piensa en la escuela como escenario de construcción de paz, podemos empezar por definirla como un espacio escolar en el que es posible el disenso como parte fundamental de la apropiación del conocimiento.

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Esas metas, menos ambiciosas y más reales con la capacidad de la escuela permiten orientar su accionar de forma más práctica, y no sólo discursiva. Que la escuela para la paz sea la escuela capaz de crear y mantener climas propicios para construir con el otro y para garantizar la no repetición de nuestras violencias; una escuela que entiende que nuestro reto como país se basa en la inclusión del otro.

Para reforzar los anterior es importante decir que un adecuado clima escolar permite situar la experiencia educativa desde los referentes propios de los estudiantes, ayudado a relacionar de manera clara y expresa, los saberes con la vida cotidiana. Esto se favorece con la creación de ambientes de aula innovadores, en la que las relaciones de conocimiento son más horizontales, es decir, se permite más participación y la inclusión de las emociones a las prácticas didácticas.

Así pues, los espacios escolares que favorecen la inclusión, el respeto por la diferencia y la mediación de conflictos pueden entenderse como “escenarios protectores” que mejoran la permanencia escolar.

Bienvenidas las discusiones sobre cómo incluir la reflexión sobre la paz en la escuela, pero reconociendo que ya hay formas directas y concretas de asegurar ese trabajo. No se trata de incluir más cátedras, sino que por el contrario, al desarrollar competencias como la observación cuidadosa, la argumentación, el uso del saber para la agencia comunitaria , la lectura del contexto, la toma de decisiones críticas, es decir, al fomentar el ejercicio de la ciudadanía, se fundan los cimientos para un buen clima en la escuela y una paz realmente sostenible en el país.

Acerca del autor: Felipe Aramburo es Coordinador de Formación del Área de Educación de Proantioquia

 Foto de creativeart. Tomada de Freepik