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¿Cómo crear en el aula?

Por Mateo Corradini
Magisterio
22/11/2017 - 11:45
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Foto de CartoonBusiness. Tomada de freepik

Crear significa actuar a través de las ideas, que no son otra cosa que manifestaciones tangibles del propio trabajo interior. De la opinión tan difundida de que el acto creador tenga unos orígenes mágicos deriva la sensación de que toda idea sea el fruto de un evento fortuito, accidental, involuntario. En los cómics y en los dibujos animados, la representación del nacimiento de una idea es particularmente clara: un personaje se esfuerza, rumia, piensa y vuelve a pensar. Después, mientras, habitualmente está haciendo otra cosa o poco antes de una catástrofe, se le enciende al lado una bombilla, y entonces el personaje exclama: «¡Eureka!», y nos convence a todos de que acaba de llegar la idea correcta. «Doc, esa herida que tienes en la cabeza, sé cómo te ha pasado: me has explicado toda la historia. Estabas de pie sobre el váter, colgando un reloj en la pared, te has caído y la cabeza te ha golpeado contra el lavabo. Y ha sido entonces cuando te ha venido la idea del flujo canalizador que hace posible el viaje en el tiempo» (Zemeckis, 1985).

 

Las ideas vienen, las ideas llegan, las ideas se te ocurren: son frases comunes, pero en el campo de la formación no podemos basar buena parte de nuestro trabajo en una casualidad, en un acontecimiento accidental. Sería poco inteligente construir la formación de una generación sobre las posibilidades dadas por un acontecimiento fortuito o generado por un esfuerzo mental ascético. Es indispensable identificar un método que ayude a trabajar constantemente con las ideas sin que nos provoque dolor de cabeza, encontrar un sistema, una «técnica» para producir ideas a través de un proceso uniforme, naturalmente siempre distinto en cuanto al contenido y en los resultados.

 

+Conozca el libro La alegría de crear

 

El oficio del publicista, como el del maestro, está estrechamente ligado a las ideas. Todo el trabajo del creador de publicidad está determinado por el hecho de tener o no la idea correcta. James Webb Young, célebre publicista estadounidense, ya en 1940 se había preguntado largamente sobre la necesidad de encontrar un método que llevase al nacimiento de ideas originales y oportunas. Una vez más, la reflexión de Young partía del deseo de separar el propio oficio de un acontecimiento previsible, de una bombilla que se enciende por casualidad. Así, Young teorizó un método para facilitar y estructurar el trabajo del publicista. Creo que sus reflexiones pueden tener importancia y valor, también para la educación (Young, 1994).

 

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El método estaba estructurado en cinco fases. La primera fase estaba representada por la recogida de informaciones sobre cada uno de los aspectos que tuviera relación con el problema. La recogida de informaciones podía desarrollarse también de un modo desordenado, pero para cada aspecto del problema debía haber una precisión casi archivística a la hora de encontrar todos los datos posibles. Dichos datos se visualizaban después de modo que fueran disponibles con una sola mirada. Young, que trabajaba en un periodo anterior a la era de los ordenadores, escribía cada dato en un pequeño folio y colgaba decenas y decenas de pequeños folios en su estudio, hasta que el color de las paredes ni siquiera se veía ya. En esta primera fase, según Young, podría aparecer la tentación de encontrar una idea en el magma de datos: es una tentación de la que hay que huir, porque llevaría a la banalidad o a la ineficacia.

 

La segunda fase del método atañe a la posibilidad de encontrar relaciones entre los datos, para identificar posibles relaciones entre informaciones diferentes. Se trata de discernir semejanzas, referencias, dependencias entre factores disparatados, creando una suerte de red entre conocimientos, conectando entre ellas las diversas caras de un mismo problema. Estableciendo una comunicación entre las informaciones, el pensamiento, casi de manera automática, desplazará la atención hacia un plano operativo, inclinándose hacia el nacimiento, ya en esta fase, de una idea. Se trata, en realidad, de una idea «presagio» (un concepto de Young), es decir: no una idea perfecta, sino del inicio de una buena idea, que tiene aún que llegar. También aquí, es mejor no caer en la convicción de haber resuelto el problema.

 

+Conozca el libro Construyendo imaginarios

 

Como correspondería a la tercera fase,cabría esperar de ella el nacimiento de la idea, mientras que Young propone un pasaje tan natural como inesperado: «dejadlo estar todo». Propone dedicarnos a otra cosa, así como Sherlock Holmes hacía en medio de una investigación, arrastrando a Watson, habitualmente, al teatro. Es una fase en la cual hay que hacer aumentar la propia sensibilidad emotiva, dedicándonos a las actividades que más amamos, y en la cual es necesario liberarse del ansia que provoca el problema y dedicar tiempo a cualquier acción que pueda estimular la imaginación y la sensibilidad: leer una novela, escuchar música, correr, pasear con un amigo, hacer un pequeño viaje, mirar una película, recoger piedras... Conrad se preguntaba: «¿Cómo haré para hacerle entender a mi mujer que incluso cuando miro por la ventana estoy trabajando?».

 

Se trata de una fase habitualmente pasada por alto dentro de un ciclo productivo, pero que puede resultar atrayente en un proceso educativo, ya que resalta y da un valor a una ocupación que tratamos de llevar a cabo cada día: vivir. La fuerza del método de Young creo que reside en esto, la vida como parte fundamental del método creativo; se trata, por lo tanto, de un método creador que no es paralelo a la existencia, sino que deriva de la existencia misma, generado a través de ella.

 

La cuarta fase del método es la idea, que nacerá precisamente cuando dejemos de buscarla afanosamente. James Webb Young, aún así, añade: «Podéis descubrir que ésta no es aquel maravilloso niño que era cuando la disteis a luz». Se deriva de esto la quinta fase, dedicada a la producción, es decir, a la posibilidad de transformar la idea en objetos, experiencias, resultados concretos, por lo tanto dellegar a una solución del problema, sea éste un dilema típicamente profesional, o bien una cuestión ligada a la creación en general, en cualquier edad.

 

Referencias

Young J. W. (1994), Tecnica per produrre idee, Milano, Lupetti.

Zanotti P. (1980), Jean Moebius Giraud, Siena, Edizioni del Grifo

 

Tomado de: Corradini Mateo (2014) Saber Crear. Editorial Magisterio: Bogotá. P 39-41

 

Foto de CartoonBusiness. Tomada de freepik